martes, 31 de octubre de 2023

Mi seudónimo

Mi seudónimo es Legna Miantra. Este nombre me remite a una literatura relacionada con la brujería y la magia. Podría tratarse de una escritora de libros de magia negra. Puede deberse a la sonoridad del nombre, que recuerda a un conjuro o algo del estilo. Además, Miantra es muy similar a la palabra mantra.



Historia


Ginés era un hombre de baja estatura, de cara redonda, moreno y con una barba descuidada. Siempre iba con el ceño fruncido y su voz era increíblemente grave. No había día que no se pusiera ese pañuelo negro horrible para cubrir su cabeza. Era egoísta, austero. Vivía solo, alejado de la ciudad. No le gustaba demasiado la gente, ni la música, ni el ruido. En general, no le gustaba que nadie lo molestara. Disfrutaba con pocas cosas, entre ellas, pasear (en soledad, por supuesto). Sus paseos nocturnos por el bosque eran uno de sus mayores placeres, después del vino.

Una noche, como muchas otras, decidió salir a dar una vuelta. Estaba especialmente enfadado. De pronto, algo en el suelo llamó su atención. Era un trozo de papel en perfecto estado. Tenía algo escrito. Al leerlo, se quedó petrificado. Tras vacilar unos segundos, rompió la nota en dos, tiró los pedazos al suelo y volvió a casa aligerando el paso.

Al otro lado del bosque, una mujer de pelo negro y largo, enredado, de ojos oscuros y de tez pálida, sentada en una mesita de madera poco cuidada, escribía ininterrumpidamente sobre una hoja de papel. En la mano izquierda, la pluma, en la derecha, una varita que parecía ser mágica. A su lado, descansaba un gato negro de ojos brillantes. Entre el maremágnum de palabras se distinguía una breve frase: «Aquellos que olvidaron a Ginés».

Se dice que cuando nadie piensa en ti dejas de existir, y Ginés se había alejado de todos sus amigos, de toda su familia. Cada vez menos gente lo recordaba. Aquellas notas, estratégicamente colocadas (como si ella supiera el camino que iba a tomar), que se encontró en el bosque cada día desde entonces no eran más que un reloj de arena que indicaba el tiempo que le quedaba a Ginés para desaparecer. Sin embargo, servían también como advertencia, como recordatorio de que todavía podría amar, todavía podría vivir. Pero él no fue capaz de verlo. Él no fue capaz. Él no fue. Nunca fue.


Comentario lingüístico de "La envidia" de Lola Pons

El texto que se nos presenta es un artículo de opinión escrito por la filóloga y profesora Lola Pons y publicado en El País en agosto del 2...